Preguntas frecuentes sobre planificación fiscal
Respuestas claras a las dudas más comunes de pequeñas empresas en España
No existe una única respuesta porque depende de tu situación específica: volumen de ingresos, número de empleados, sector y tus objetivos de crecimiento. Un autónomo paga menos en trámites, pero tiene responsabilidad ilimitada; una SL implica más papeleos pero limita tu responsabilidad al capital invertido. Te recomendamos analizar tu caso con números reales antes de decidir.
Lo ideal es hacerla entre octubre y noviembre del año anterior, antes de que termine el ejercicio fiscal. Así tienes tiempo para aplicar estrategias legales de optimización (como ajustar gastos deducibles o anticipar ingresos) y no te sorprenderán con pagos a cuenta inesperados en enero. Si esperas a marzo, prácticamente ya no hay margen de maniobra.
Los gastos deben estar directamente relacionados con tu actividad empresarial: suministros, alquiler del local, software, seguros, comisiones de ventas, viajes de negocio, formación profesional. Lo importante es que guardes la documentación (facturas, tickets, extractos bancarios) porque la Agencia Tributaria lo pide como prueba. Un gasto sin justificante no existe fiscalmente.
El IVA es un impuesto sobre el consumo que cobras a tus clientes y luego trasladas a Hacienda; tú eres intermediario. El IRPF o Impuesto sobre Sociedades grava tus beneficios reales después de restar gastos. Como autónomo pagas IRPF; como sociedad limitada pagas Impuesto sobre Sociedades (actualmente al 25%). Entender esta diferencia te ayuda a saber qué dinero es realmente tuyo.
Manteniendo registros ordenados y declarando con honestidad es el mejor seguro. Lleva un libro de ingresos y gastos actualizado, digitaliza tus facturas, concilia regularmente con tu banco. Si no tienes certeza sobre algo, es mejor consultar antes que inventar cifras. Una declaración mal hecha cuesta dinero en multas e intereses; una planificación bien estructurada te ahorra impuestos sin riesgo legal.
Mínimo una vez al año, idealmente cada trimestre si tu negocio tiene cambios frecuentes en ingresos o estructura. Las leyes fiscales cambian, tus circunstancias evolucionan, y lo que funcionaba hace seis meses podría no ser óptimo hoy. Un seguimiento regular te permite ajustar sobre la marcha, no solo al final del año.
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